Desde la lejana India
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Español
DESDE LA LEJANA INDIA
(Saginaw Courier-Herald, 22 de marzo de 1894)
Sentado ayer por la tarde en el vestíbulo del Hotel Vincent se hallaba un hombre vigoroso, de facciones regulares y noble presencia, cuya piel morena hacía resaltar aún más la blancura nacarada de sus dientes parejos. Bajo una frente ancha y alta, sus ojos delataban inteligencia. Este caballero era Swami Vive Kananda, el predicador hindú. La conversación del señor Kananda se desenvuelve en frases inglesas puras y gramaticalmente correctas, a las que su leve acento extranjero presta sabor. Los lectores de los periódicos de Detroit saben que el señor Kananda ha dado conferencias en esa ciudad en numerosas ocasiones y ha despertado la animosidad de algunos por sus críticas a los cristianos. El representante del Courier-Herald sostuvo una breve conversación con el sabio budista [?] justo antes de que partiera hacia la Academia, donde había de dar su conferencia. El señor Kananda dijo en la conversación que le sorprendían los extravíos del camino de la rectitud, tan comunes entre los cristianos, pero que se hallaban buenos y malos entre los miembros de toda agrupación religiosa. Una de sus afirmaciones fue decididamente poco americana. Al preguntársele si había estado investigando nuestras instituciones, respondió: «No, soy únicamente un predicador.» Esto reveló a la vez una falta de curiosidad y una estrechez que parecían ajenas a quien se mostraba tan versado en temas religiosos como aquel predicador budista [?].
Del hotel a la Academia había sólo un paso, y a las 8 en punto Rowland Connor presentó ante un público reducido al conferenciante, vestido con un largo hábito de color anaranjado, ceñido por una faja roja, y con un turbante hecho con las vueltas de lo que parecía ser un chal estrecho.
El conferenciante manifestó al inicio que no había venido como misionero, y que no era propio de un budista convertir a otros desde sus creencias y fes. Dijo que el tema de su disertación sería «La armonía de las religiones». El señor Kananda dijo que se habían fundado muchas religiones antiguas, y que estas estaban muertas y desaparecidas.
Dijo que los budistas [hindúes] componen los dos tercios de la raza, y que el otro tercio comprende a los de todos los demás credos. Dijo que los budistas no tienen ningún lugar de tormento futuro para los hombres. En esto se diferencian de los cristianos, que perdonan a un hombre por cinco minutos en este mundo y le condenan a castigo eterno en el venidero. Buda fue el primero en enseñar la hermandad universal del hombre. Es un principio cardinal de la fe budista todavía hoy. El cristiano la predica, pero no practica sus propias enseñanzas.
Puso como ejemplo la situación del negro en el Sur, a quien no se admite en los hoteles ni se le permite viajar en los mismos vagones que los blancos, y que es un ser al que ningún hombre decente dirigirá la palabra. Dijo que había estado en el Sur y que hablaba a partir de su conocimiento y de su observación.
English
FROM FAR OFF INDIA
(Saginaw Courier-Herald, March 22, 1894)
Seated in the lobby of the Hotel Vincent yesterday evening was a strong and regular featured man of fine presence, whose swarthy skin made more pronounced the pearly whiteness of his even teeth. Under a broad and high forehead his eyes betoken intelligence. This gentleman was Swami Vive Kananda, the Hindoo preacher. Mr. Kananda's conversation is in pure and grammatically constructed English sentences, to which his slightly foreign accent lends piquancy. Readers of the Detroit papers are aware that Mr. Kananda has lectured in that city a number of times and aroused the animosity of some on account of his strictures upon Christians. The Courier-Herald representative had a few moments' conversation with the learned Buddhist [?] just before he left for the Academy, where he was to lecture. Mr. Kananda said in conversation that he was surprised at the lapses from the paths of rectitude which were so common among Christians, but that there was good and bad to be found among members of all religious bodies. One statement he made was decidedly un-American. Upon being asked if he had been investigating our institutions, he replied: "No, I am a preacher only." This displayed both a want of curiosity and narrowness, which seemed foreign to one who appeared to be so well versed upon religious topics as did the Buddhist [?] preacher.
From the hotel to the Academy was but a step and at 8 o'clock Rowland Connor introduced to a small audience the lecturer, who was dressed in a long orange colored robe, fastened by a red sash, and who wore a turban of windings of what appeared to be a narrow shawl.
The lecturer stated at the opening that he had not come as a missionary, and that it was not the part of a Buddhist to convert others from their faiths and beliefs. He said that the subject of his address would be, "The Harmony of Religions". Mr. Kananda said that many ancient religions had been founded, and were dead and gone.
He said that the Buddhists [Hindus] comprise two-thirds of the race, and that the other third comprised those of all other believers. He said that the Buddhists have no place of future torment for men. In that they differ from the Christians, who will forgive a man for five minutes in this world and condemn him to everlasting punishment in the next. Buddha was the first to teach the universal brotherhood of man. It is a cardinal principle of the Buddhist faith today. The Christian preaches it, but does not practice its own teachings.
He instanced the condition of the Negro in the South, who is not allowed in hotels nor to ride in the same cars with white men, and is a being to whom no decent man will speak. He said that he had been in the South, and spoke from his knowledge and observation.
Texto procedente de Wikisource, dominio público. Publicación original de Advaita Ashrama.